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  Aprendemos de los fracasos, no de los éxitos – Bram Stoker, Drácula

El mundo del emprendimiento y Drácula no son dos elementos que suelen ir juntos. Nosotros solemos asociar esta novela publicada en 1897 con películas de horror, pero si nos acompañan en estos párrafos les compartiremos una verdad profunda escondida en el capítulo 10 de esta novela.

En la historia original el famoso vampiro desea emigrar a Inglaterra y contrata un abogado inglés para ayudarle. En Inglaterra nos encontramos a Mina, la prometida del abogado, y su mejor amiga Lucy. Para la sorpresa de todos, Lucy empieza a perder sangre misteriosamente y para encontrar una solución es solicitada la ayuda de otro personaje conocido, Abraham Van Helsing.

Van Helsing es doctor, entre otras cosas, y reconoce la novedad y pocos precedentes del caso. Es territorio desconocido para muchos y por eso le pide al doctor de Lucy que anote todo lo que le sucede junto con sus dudas y teorías sin temor a equivocarse porque “aprendemos de los fracasos, no de los éxitos”.

En este caso, Van Helsing sospechaba el motivo real detrás de la situación de Lucy y sabía que si el doctor buscaba un diagnóstico correcto desde su experiencia y conocimiento no la iba a encontrar. Cada diagnóstico errado descartado es un paso más cerca a la solución.

El emprendimiento y la vida se caracterizan por situaciones novedosas y extrañas. Si esperamos el producto perfecto antes de lanzarnos, el éxito antes de promocionarnos y la decisión correcta en cada encrucijada probablemente no vamos a avanzar.

Es más, los aprendizajes que más interiorizamos y que definen nuestras acciones futuras suelen ser las lecciones que recibimos con sudor, lágrimas y sangre. Entonces, no queremos que les vaya mal, sino creemos que hay errores que nos hubiera gustado cometer más temprano porque son de los errores que más nos han ayudado a madurar (y si no las hubiéramos cometido difícilmente habríamos aprendido). Algunos de estos errores son los que vamos a compartir a continuación:

1. Perder capital propio (o “bancarrota”)

Arrancar un proyecto con los bolsillos llenos e inversionistas vinculados es uno de los sueños de cualquier emprendedor, pero mal administrado puede llegar a ser uno de los venenos más mortales para la empresa. Es como la juventud, parece que nunca se va a acabar y la desperdiciamos. Compensamos fallas del producto, equipo o plan de negocio inyectando más y más dinero, mientras que un competidor más ágil se apropia del mercado.

Mientras tanto, perder dinero es prácticamente tabú. Todos queremos ser percibidos como exitosos, emprender es un riesgo grande y reconocer que estamos perdiendo dinero es como reconocer que no nacimos para emprender. Muchos mentimos para mantener las apariencias con nuestros amigos y familiares, sabiendo que los números están en rojo.

La verdad es que arrancar con poco dinero o perder los recursos que tenemos nos enseña a enfocarnos, ser más eficientes y creativos con lo que tenemos. Si perdiste dinero sigue adelante y aprovecha la ventaja de recursos limitados.

2. Problemas de socios

Se dice que “el hierro con hierro se afila, y el hombre en el trato con el hombre”. Cuanto más tiempo pasamos con otra persona, más fácil es ver sus defectos y surgen los conflictos. No es de extrañar entonces que los socios puedan ser una fuente tan grande de disputas. Un buen socio no es la persona con la que nunca te peleas, es con quien puedes crecer después de cada “intercambio vehemente de opiniones”.

Para muchos, la primera discusión de socios pudo haber parecido el fin de la empresa. En realidad, puede ser una oportunidad para aprender que la diversidad de opiniones evita que la empresa se estanque.  

En nuestro caso, escondimos el malestar entre socios durante varios meses por miedo al conflicto. Cuando nos confrontamos no fue bonito, pero aprendimos a ser más sinceros, a separar el problema de la persona y a compartir abiertamente nuestras diferencias de opinión.

 3. “Yo lo hago”

Este es uno de los errores más difíciles de eliminar. Es necesario un balance entre delegar/compartir y hacer uno mismo. Los emprendedores muchas veces caemos en el extremo de querer hacerlo todo. Muchos sabemos que puede ser difícil pedir ayuda, reconocer falencias se siente como una confesión de debilidad, pero a veces simplemente la falta de recursos nos obliga asumir más responsabilidades de lo que deberíamos.  

La verdad es que necesitamos un equipo para llegar lejos. Según un estudio del Rotman School of Management, el éxito de un emprendimiento muchas veces depende de la habilidad de un líder para rodearse de un buen equipo.

Esa es una de las raíces que sostiene la misión de Panda Lab: “Enfrentar los retos juntos”. En un espacio de oficinas compartidas o coworking no es necesario contratar a un equipo para ser parte de un grupo de profesionales de alta calidad. Aquí todos tenemos necesidades y todos tenemos algo que dar. El secreto es compartir y a la larga todos salimos beneficiados. Crecemos juntos.

Conclusión

Todo lo anterior nos lleva un cuarto error fatal: no permitir errores. Como emprendedores no estamos siguiendo caminos hechos, estamos creando nuestro propio rumbo. Para crear algo nuevo es imposible avanzar sin el riesgo de equivocarnos.

Ante eso, la perspectiva que tomamos termina siendo la que define nuestra habilidad de seguir adelante. De entrada no hay manera de garantizar el éxito. Esta es la paradoja, si solo permitimos éxito con mayor seguridad fracasamos, pero si aprendemos a fracasar el éxito está más cerca y rápido de lo que habíamos pensado.